Al oído

Un día salía del metro de Urgel mirando el móvil y marcando a cualquier amiga para que me “acompañasen”, lo cual ya es triste.  Iba por la calle y no había mucha gente aunque eran más o menos las 18:00.

Vi que dos chicos se acercaban de frente y de repente al pasar por mi lado uno de ellos se acercó al oído y muy babosamente me dijo: “Qué bien te ves, rubiaza”. Me dio un escalofrío por todo el cuerpo.
Me asusté un montón y casi eché a correr, miré atrás y me estaba guiñando el ojo. No puedo definir la sensación de asco tan grande que me da.